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miércoles, 24 de julio de 2013

Primeras impresiones sobre el anteproyecto de la ley de mecenazgo

El papel del Estado es correr riesgos y apostar por la cultura menos popular. 

Donald Sassoon




El anteproyecto de la ley de mecenazgo en Andalucía nace con una tara congénita, heredada del concepto de industria cultural que se ha manejado estos últimos años, cuyos síntomas son:

-La excesiva preocupación por atraer la inversión privada hacia la madeja de instituciones públicas que han controlado el cotarro hasta la fecha.

-Olvidar que el crecimiento del sector cultural en Andalucía se debe a la iniciativa de numerosos profesionales que, con proyectos personales/empresariales al margen de las corrientes oficialistas, contra todo pronóstico y a pesar del clientelismo patrocinado por la administración, han conseguido desarrollar actividades culturales de forma exitosa.

-Desconfianza injustificada hacia esta cultura que se mueve fuera de los cauces reglamentados y sin  motivaciones espurias, sobre todo desde el momento en el cual se produce un beneficio económico para los promotores de cualquier actividad que incluya el término 'cultural'.

-Excesiva tendencia a acaparar recursos económicos para sostener el engranaje administrativo de la gran variedad de institutos, centros, fundaciones, empresas públicas, etc., que existen como administración paralela, con no otro objetivo que el de mantener bajo control el tradicionalmente díscolo mundo de la cultura (ahora ya existe un cuadro de mandos debidamente instruidos por comisarios políticos al efecto que, desde sus púlpitos de rocalla dorada, defienden cualquier decisión de sus patrones so pena de caer en el ostracismo).

Dicho todo esto, es evidente que la futura ley parte desde un punto de partida erróneo: pensar que los que aquí no chupamos de la gran teta, nos chupamos el dedo a falta de pezón. Disfrazan de utilidad pública lo que no es más que inversión interesada. Lo más probable es que se produzca una polarización aún más acusada entre dos partes diferenciadas de la cultura andaluza: la que comulga con los intereses, presuntamente progresistas, del establishment y la que no se doblega ante el pensamiento único disfrazado de interés general. Si no me equivoco en mi pronóstico, los proyectos culturales de siempre seguirán recibiendo dádivas de la administración a través de estos nuevos mecanismos tributarios y fiscales; los proyectos culturales que realmente son de interés público, porque despiertan la conciencia de la sociedad andaluza y la hacen salir de su sopor galbanero, seguirán siendo minoritarios actos de locos iluminados y outsiders.

Para mi gusto, y barriendo para casa, sería mucho más adecuada una ley que fomentara el trabajo en el ámbito cultural con adecuados incentivos a las actividades desarrolladas por cualquiera de las disciplinas involucradas en el trabajo sobre Patrimonio Cultural y que beneficiaran directamente a los actores de las mismas; o lo que es lo mismo, y citando literalmente el anteproyecto a: las personas físicas o jurídicas que, con domicilio fiscal y, en su caso, social en el territorio de la Comunidad Autónoma de Andalucía, en nombre propio, de manera habitual y con ánimo de lucro se dedican a crear, editar, producir, reproducir, documentar, promocionar, difundir, comercializar y/o conservar, servicios o productos de contenido cultural.  

Todo lo que suponga colocar intermediarios entre el mecenas y el beneficiario final de su aportación a la cultura, de forma que se siga manteniendo el control político sobre la misma, me parece un retraso y un lastre para un sector que promete ser uno de los principales motores de la economía andaluza, en cohabitación con el turismo. Está bien que se controle el tema, más que nada para evitar prácticas irregulares como las que, tristemente a diario, vemos salir a relucir en tribunales y titulares de prensa. Ahora bien, de ahí a institucionalizar el mecenazgo, para que sirva de Atlas sustentador de la bóveda celeste que unos pocos disfrutan sobre sus cabezas, hay una gran diferencia. 

         




Enlace al anteproyecto de ley de mecenazgo:

http://www.juntadeandalucia.es/culturaydeporte/web/html/sites/consejeria/general/Galerias/Adjuntos/destacados/anteproyecto_ley_mecenazgo.pdf

sábado, 25 de mayo de 2013

Aquellos descampados de mi infancia


Ayer volví a disfrutar del documental de Alberto Esteban sobre uno de los iconos de mi memoria de infancia: el Teatro Chino de Manolita Chen. Aquella carpa que se montaba en ferias de toda España es, sin duda, una parte imprescindible de la cultura popular del siglo XX. Y digo popular con sus dos significados más comunes, tanto por ser un espectáculo accesible a todas las clases sociales como por su repercusión y alcance como manifestación artística, sólo comparable en su raíces históricas al vilipendiado actualmente arte de la Tauromaquia.

El teatro de variedades o frívolo, como también se denomina este tipo de manifestación artística, tiene su origen diluido en la niebla de la historia. Es más que probable que este tipo de espectáculo, con sus variaciones lógicas a través del tiempo, se remonte a la Antigüedad pues no sólo de sesudas reflexiones y mensajes vive la dramaturgia. El teatro es un espectáculo antes que nada, una forma de entretenimiento para las masas que con el paso del tiempo ha ido disgregándose en diferentes categorías,  basada la taxonomía en los tipos de público objetivo. El teatro de variedades, que en ambientes pretendidamente cultos se asocia de forma pretenciosa con el cabaret, es uno más de los tesoros culturales que hemos dejado perecer en este país, al igual que ha sucedido con las salas de cine históricas (en origen teatros muchas de ellas) o los numerosos circos que compartían descampados con el Teatro Chino de Manolita Chen. No se si la razón ha sido la europeización forzada a la que nos han sometido bajo los dictados de la modernización y equiparación con el resto de los países de la comunidad, equivocadamente en mi opinión pues se partió de un complejo de inferioridad que no tenía base alguna. He vivido en otros países europeos y puedo afirmar que en muchos aspectos están más atrasados que España y Portugal juntos.

Aquellos descampados, frontera entre campo y ciudad, tierra de nadie, escombreras y zona de juegos para quienes tuvimos la suerte de poder disfrutar de la calle durante la infancia, fueron engullidos por el afán urbanizador de los ayuntamientos que los entregaba al mejor postor para construir nuevos edificios. Recuerdo haber visto el Teatro de Manolita Chen en el descampado que había junto a Palmete mucho antes de que existiera la SE-30, probablemente sería uno de los últimos años que estuvo en activo.

Nunca pude disfrutar en directo de la magia portátil de estos teatros itinerantes, pero gracias al trabajo de Juan José Montijano Ruiz puedo saber más de ese mundo perdido de lentejuelas y cuplés picantes. Si os interesa el tema podéis acudir a su blog para saber más y poder conseguir alguno de sus notables trabajos sobre el teatro frívolo.

http://www.manolitachen.blogspot.com.es

lunes, 18 de marzo de 2013

El Armario Cultural

Hoy empieza una apasionante aventura que nos llevará por los vericuetos de la cultura andaluza, entendiendo esta no sólo como la que representan los artistas mayoritarios, los creadores consagrados, los aplaudidos por los medios de comunicación tradicionales, sino como un concepto integrador en el que tiene cabida la gran diversidad de expresiones culturales que campan por estas tierras del Sur. De ahí lo de 'armario cultural', complementario pero a la vez opuesto a lo que se exhibe en los 'escaparates' de la cultura asimilada por el sistema establecido. 

Intentaremos dar a conocer a todos los que, de una u otra manera, intervienen en el proceso de reconocimiento necesario para que nuestro patrimonio cultural se difunda y valore: administraciones, gestores, emprendedores culturales, artistas emergentes, pequeñas editoriales y galerías, educadores, comunicadores, asociaciones profesionales, escenarios alternativos, etc. También abriremos ventanas a otras realidades culturales más allá de nuestras fronteras y a otras formas de entender la gestión de las mismas para ampliar así nuestra mirada.

Un acercamiento al lado más humano de la Cultura, a las personas que están detrás de proyectos e iniciativas realizando una labor en la sombra imprescindible para que todo funcione.

Por supuesto esperamos que este lugar común que hoy abrimos sea también punto de encuentro y debate, espacio propositivo y de crítica, a través de vuestros comentarios y aportaciones mediante cualquiera de los canales abiertos para tal efecto. 

Así que, sin más preámbulos, sed bienvenidos a El Armario Cultural.