lunes, 16 de diciembre de 2013

La Grande Bellezza

Sorrentino ha conseguido recuperar algo del espíritu de la Roma de La Dolce Vita en esta cinta de preciosista fotografía y excelente reparto, aquel espíritu de bacanal clásica en el disfrute de la vida pero sin ninguna concesión a la ciudad que se mueve en la miseria tras las bambalinas. El neorrealismo cinematográfico parece haber sido un mal sueño, consecuencia de un atracón pasajero de fascismo, guerra y desigualdad social secular. Es hora de la cinematografía de la fantasía. 

Sorrentino, no se sabe si de forma consciente, ha retratado a la sociedad pudiente de la Europa del sur, la misma que sigue disfrutando de los placeres de la vida a pesar de la crisis económica, esa casta inmortal de vividores que nunca desaparece por muchas revoluciones que vengan. Pero es que no puede ser de otro modo en una vieja Europa que vive de su pasado esplendor. Las ciudades de lo meridional del viejo continente necesitan de esta clase para ser plenamente apreciadas en su belleza, aunque sea a través de su uso como escenario de un modo de vida superficial. El protagonista, Gep Gambardella, es un escritor de elegantes maneras y vida disipada que no encuentra un momento para volver a ponerse a escribir. Su primera y única novela, publicada a los 20 años, es la llave que le abre la puerta al mundo del placer de disfrutar de la belleza de la ciudad eterna desde una óptica sensible, a pesar de las fiestas orgiásticas y el resto de la vida social a la que se debe para seguir siendo un habitante privilegiado de la ciudad del Tíber.

Una película para disfrutar en versión original, en pantalla grande. 

miércoles, 11 de diciembre de 2013

El Castillo de San Sebastián

De nuevo se cierne sobre el Castillo de San Sebastián un peligro inminente: la intervención material sobre el BIC sin tener en cuenta la protección del mismo. El Ministerio de Medio Ambiente y el Ayuntamiento de Cádiz pretenden seguir el procedimiento apresurado de la desafortunada intervención anterior: pequeñas actuaciones que poco a poco vayan alterando el Bien Cultural sin provocar demasiada polémica, todo para evitar cumplir con la LPHA que claramente exige un proyecto de conservación previo a cualquier intervención en un BIC.

El Ayuntamiento esgrime como siempre el mismo argumento: que las obras en el conjunto son una mejora para la oferta cultural de la ciudad. Medio Ambiente, y su empresa servil, TRAGSA, seguirá haciendo lo que le plazca, o al menos lo intentará, desde su prepotente torre de marfil ministerial.

Lo que debería preguntarse la sociedad gaditana es porqué no se pone a disposición de todos los ciudadanos un espacio tan significativo, sobre todo existiendo un tejido asociativo bien seguro dispuesto a dotarlo de vida, como se vio por la experiencia de Valcárcel. Sería de justicia, para los barrios limítrofes y para toda la población del casco histórico, que se pudiera utilizar el recinto para una experiencia de socialización del patrimonio, algo no reñido en manera alguna con el uso que, hasta la fecha, se le ha dado al castillo desde su apertura.

Pero me temo que no es esa la intención. Existen intereses económicos que pocos llegan a prever en esta valorización apresurada del BIC, bastante alejada de su importancia como elemento patrimonial. Esperemos que la Delegación Provincial de Cultura esté al quite de las maniobras del gobierno central y el local. Yo, al menos, voy a estar vigilante, sobre todo después de ser testigo directo de las vicisitudes sufridas por el conjunto durante las últimas obras. 

Mentalidades que no cambian

En el reciente Encuentro Internacional de Arqueología del Suroeste Peninsular, que como viene siendo habitual se celebró en Aroche/Serpa hace un par de semanas, quedó claro que la arqueología sigue siendo una disciplina anclada en el pasado. Y no sólo por su vinculación a la Antigüedad, pocas comunicaciones presentadas sobre arqueología industrial o sobre etapas recientes de la Historia, sino por la vista incapacidad de la mayoría de los practicantes para aceptar que es necesario cambiar de mentalidad respecto a su carácter de ciencia social. La críptica que acompaña al colectivo y a su producción científica se mantiene alejada de la que debiera ser su principal motivación: divulgar el conocimiento de la  manera más amplia posible. A pesar de las nuevas herramientas disponibles para la difusión sin límites, la arqueología en su sentido más académico sigue enclaustrada en los mismos cauces tradicionales: congresos, encuentros, publicaciones científicas, etc. No contentos con esto, cualquier iniciativa que pretenda abrir el conocimiento es recibida con escepticismo, cuestionando la validez de la participación social en el proceso de adquisición del saber científico.

Pero esta actitud no sólo se refiere a la participación de profanos, también a la colaboración entre la arqueología de academia y la que desempeña su labor en el ámbito profesional. Parece pervivir un espíritu decimonónico que condena el trabajo arqueológico como forma de ganarse la vida y ensalza la misma actividad cuando se practica desde los departamentos universitarios o instituciones científicas, como si el vil metal -el mismo que sostiene, o sostenía, la investigación en este campo- no fuese un requisito imprescindible para desarrollar el trabajo en cuestión, como si los académicos se alimentasen de su actividad intelectual; como si no fueran remunerados en moneda corriente. Lo peor es que esto mismo se repite entre los profesionales que trabajan en la administración cultural y los que "hacemos la calle". Los arqueólogos profesionales nos enfrentamos a una presunción de culpabilidad, a una sospecha continua de mala praxis y a un afán desmedido por el enriquecimiento a costa del Patrimonio Cultural, mientras que los arqueólogos que desarrollan su labor en la administración se otorgan la categoría de paladines de la conservación y protección, al igual que los académicos toman posesión de la verdad empírica y la ejecución primorosa. Resulta obvio que así no vamos a ninguna parte. Los problemas que afronta actualmente el Patrimonio Arqueológico son el resultado de este erróneo planteamiento, nunca subsanado por los muchos reglamentos y leyes de patrimonio promulgados. 

A este respecto es necesario mencionar que todo el abundante corpus legislativo existente es papel mojado. La aplicación del mismo está siempre supeditada a condicionantes poco relacionados con el carácter científico de la arqueología, a pesar de ser Andalucía una de las regiones europeas con mayor riqueza arqueológica de Europa, como lo demostró el boom de las actividades arqueológicas preventivas motivado por la fiebre constructiva de los últimos años de especulación inmobiliaria. Fue la misma administración la que se mantuvo al margen de sus obligaciones bajo la premisa de no entorpecer el desarrollo y el progreso del sector motor de la economía. Ahora, a toro pasado, es fácil echar la culpa a terceros, olvidando la permisividad y alegría con la que se autorizaron miles de actividades sin los correspondientes y necesarios avales de rigor científico.

Expuesto todo esto, es más que comprensible que la mayoría de la comunidad arqueológica esté en contra de luz y taquígrafos: no están dispuestos a dejar que sus vergüenzas sean expuestas públicamente. Sin embargo existen profesionales que no tienen nada que esconder, y que desde esta posición de superioridad ética y profesional -la que otorga el saberse no comprado nunca por nadie- siguen trabajando por hacer realidad una arqueología colaborativa, una arqueología abierta a la sociedad, una arqueología accesible y social. 

No voy a mencionar a nadie, más que nada porque no quisiera que se confundiera mi razonamiento con sentimiento, al tener mucho que agradecer a estos profesionales que me enseñaron a mantener una ética profesional por encima de todo. Dejaré que aquellos interesados en el tema busquen en las actas del encuentro el proyecto que, a mi entender, simboliza todo a lo que debemos aspirar los que practicamos la arqueología.

domingo, 13 de octubre de 2013

El porqué del Proyecto de Conservación para dummies

No es ningún secreto que, con la crisis, la dotación siempre precaria de los presupuestos asignados a Patrimonio Cultural se ha visto reducida. No sólo en lo que a la ejecución de más que necesarios proyectos de intervención sobre Bienes Culturales se refiere, sino también en lo que afecta al personal de las administraciones públicas. Parece que la idea aceptada es la de una administración que sólo debe encargarse de eso mismo, de administrar, entendiendo el término como procedimiento para dar respuesta a las necesidades puntuales de los administrados; obviamente, la gestión del Patrimonio Cultural  Material es algo secundario para nuestros gobernantes, asumiendo esta como toda una serie de políticas de conservación, rehabilitación, investigación, etc., sobre el mismo. Sólo así es comprensible que, tras la vorágine de actividad derivada de la burbuja de la construcción y el desarrollo de infraestructuras, una vez cesa la actividad administrativa, se prescinda de gran número de personal de las delegaciones provinciales, la Dirección General de Bienes Culturales y otros organismos relacionados con los Bienes Culturales. 

¿Cómo afecta esta circunstancia? De momento, se han reducido las labores de inspección y vigilancia, bajándose la guardia y permitiendo que se produzcan afecciones irreparables. Las comisiones provinciales, si bien nunca han tenido más papel que el de comparsas de los intereses políticos  regidores de cada delegación, ahora lo tienen peor que nunca. No es muy probable que se puedan manifestar desfavorablemente a cualquier proyecto que vaya envuelto en los falsos oropeles de la creación de empleo o la no afección presupuestaria para la administración. Empiezan a ser cada vez más frecuentes actuaciones sobre Bienes Culturales promovidas por colectivos de forma altruista, lo que no estaría mal si no fuera porque no suelen cumplir con el principal requisito para intervenir en estos según la LPHA*:

Artículo 21 Proyecto de conservación e informe de ejecución


1. La realización de intervenciones de conservación, restauración y rehabilitación sobre bienes inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz exigirá la elaboración de un proyecto de conservación con arreglo a lo previsto en el artículo 22.


2. Al término de las intervenciones cuya dirección corresponderá a personal técnico, se presentará a la Consejería competente en materia de patrimonio histórico un informe sobre la ejecución de las mismas en el plazo y con el contenido que se determinen reglamentariamente.


Artículo 22 Requisitos del proyecto de conservación

1. Los proyectos de conservación, que responderán a criterios multidisciplinares, se ajustarán al contenido que reglamentariamente se determine, incluyendo, como mínimo, el estudio del bien y sus valores culturales, la diagnosis de su estado, la descripción de la metodología a utilizar, la propuesta de actuación desde el punto de vista teórico, técnico y económico y la incidencia sobre los valores protegidos, así como un programa de mantenimiento.     

No lo digo yo, es lo que recoge la legislación; aunque, para ser sinceros, la nula aplicación de esta parte de la LPHA es de sobra conocida, por no mencionar la arbitrariedad con la que se exige o no éste, dependiendo de la provincia que se trate. Para cumplir con las expectativas que pueda haber generado el título de esta entrada, pasaré a explicar el porqué de este proyecto de conservación de la manera más sencilla posible.

Imaginemos que vamos a intervenir en un edificio histórico. Antes de hacerlo, deberá redactarse un proyecto de intervención que delimite las actuaciones previstas y que incluya una dotación presupuestaria, no sea que empecemos a desmontar las cubiertas (necesitadas de una rehabilitación urgente) y, cuando vayamos por la mitad, nos quedemos sin dinero para seguir. Creo que hasta aquí todo claro, lógico, aceptable en la medida de la inteligencia media. Atendiendo a la misma razón, necesitaremos que ese proyecto lo dirija un profesional cualificado, no vale con tener un maestro albañil especializado en reparar tejados, de ahí lo de personal técnico, aunque la ejecución material la desarrolle un experto alarife. 

Antes que nada, deberemos recabar información sobre el bien en cuestión en los diferentes aspectos a tener en cuenta, incluyendo sus valores culturales; de no hacerlo así, podemos terminar afectando parcelas no tangibles. Como ejemplo podría usar el tema de los revestimientos utilizados en muchas rehabilitaciones recientes sobre arquitectura defensiva: un castillo es, en la percepción colectiva, un edificio de acabados en piedra o tapial; cuando se decide alterar esa imagen aceptada, aunque los estudios previos señalen que una vez estuvo acabado en perlita o a franjas de colores, la respuesta de la sociedad puede ser contraria a esa alteración. Si, además, no se contempla un programa de mantenimiento y los revestimientos elegidos terminan cayéndose a los meses de ser aplicado, no digamos.

Al contrario de lo que pueda parecer, el cumplir con los sencillos criterios expuestos en la LPHA, propicia que las intervenciones tengan las garantías necesarias. Emprender un trabajo tan delicado, como es siempre la intervención sobre elementos de nuestro Patrimonio Cultural Material en base a pequeñas actuaciones, sin una visión integral del objeto de nuestra labor, es cuanto menos arriesgado y falto de miras. En este caso, la máxima de "lo barato sale caro", cobra mayor sentido en cuanto será un precio que no sólo pagaremos nosotros, sino también las generaciones venideras. 




*Ley 14/2007, de 26 de noviembre, del Patrimonio Histórico de Andalucía




lunes, 23 de septiembre de 2013

Sobre el Encuentro Internacional de Arquitectura Contemporánea en Ciudades Históricas

Clausurado el encuentro es hora de hacer balance, más que nada para determinar si el temor que expresé en la entrada anterior acerca de la intención del evento estaba fundamentado o no. Desde luego, tras la inauguración del encuentro, quedó reforzada la idea del mismo como instrumento publicitario del ayuntamiento; quedó claro el posicionamiento ideológico del consistorio sobre lo que significa que te incluyan monumentos en la lista de Patrimonio Mundial: adornar el escaparate de una ciudad que, como bien señalaría Pedro Salmerón en su intervención, tiene pendiente la asignatura de mirar la ciudad desde otros puntos geográficos y no sólo desde el centro histórico. Es sabido que Sevilla, a partir de su expansión urbanística fuera del recinto amurallado y sin contar con los arrabales históricos, ha seguido una deriva poco recomendable para cualquier ciudad: la planificación de su trazado urbano se ha producido sin reflexión, a golpe de estímulos, la mayoría económicos, que fomentaban la construcción de nuevos barrios. Cierto es también que hubo excepciones en las que se llevaron a cabo desarrollos urbanísticos con acierto, pero estos pronto quedaron sólo como referencia para posteriores expansiones desordenadas sobre el territorio circundante, volviendo a imperar el caos sobre la planificación.


Un ejemplo de lo dicho: el crecimiento de la ciudad hacia el noreste, a partir del antiguo casco histórico. Si alguien me explica a qué proceso planificado de urbanismo responde, lo agradecería, porque para mi es un caso claro de rellenado de espacios sin más.


El problema es que, metidos en el siglo XXI, seguimos sufriendo los problemas derivados de esta ausencia de planificación, sin que parezca existir un ánimo claro de ir subsanando las deficiencias de un sistema urbano heredado. Como bien se ha visto en el encuentro, hay diferentes formas de afrontar el problema, siendo la vía de la regeneración del espacio urbano la idónea para el caso de la capital hispalense, acompañada de políticas de mejora de las áreas consideradas residuales o secundarias: accesos, río, periferia, etc. Por desgracia, cuando Pedro Salmerón desgranaba ante la audiencia del encuentro su visión sobre cómo debería ser el futuro de Sevilla, el alcalde no se encontraba presente, persiguiendo la inclusión de Torre del Oro y Plaza de España en la lista de Patrimonio Mundial en lugar de plantearse un punto de inflexión necesario: la mirada integral al fenómeno urbano local. El regidor que pasará a la historia será aquel que haga de Sevilla una ciudad para que el colectivo de sus habitantes, y no sólo unos pocos privilegiados, pueda disfrutar de calidad de vida. 

No pude evitar cierto sonrojo cuando escuché decir que Sevilla era una de las grandes capitales europeas. Se que tiene la potencialidad de serlo, pero estamos muy lejos de poder afirmar tan cosa. Ver la presentación que sobre Amsterdam hizo Esther Agricola, directora de la Monuments & Archaeology Office de la ciudad, y envidiar el adelanto que nos llevan respecto al tema, fue todo uno. 

En definitiva, acudir al encuentro ha sido enriquecedor: he podido conocer otras formas de entender la problemática que se suele derivar de la coexistencia de lo heredado con lo contemporáneo, unas más afortunadas que otras. Por desgracia, a pesar de su presencia por alusiones, faltaron las aportaciones de los colectivos sociales que defienden el Patrimonio Cultural de la ciudad. Perder esta oportunidad para el diálogo es una muestra de soberbia que nos aleja del carácter democrático que debería tener esta sociedad. Sin la participación ciudadana no puede haber un resultado consensuado, lo que llevará a más conflictos.

Como conclusión he de aceptar que ninguna de las ciudades que he visitado por Europa son bonitas de principio a fin: todas tienen áreas deprimidas y deprimentes, pero no puedo olvidar mi chovinismo sevillita y no afirmar que estoy seguro de  las posibilidades de la ciudad para mejorar de forma ostensible. Lo que espero es que no nos quedemos en el disfraz estético, muy del barroco efímero local, y vayamos a transformar las causas de los problemas, no sólo los efectos.



viernes, 13 de septiembre de 2013

Encuentro Internacional sobre Arquitectura Contemporánea en Ciudades Históricas

Durante los días 17, 18 y 19 de septiembre de 2013 se va a celebrar en Sevilla un Encuentro Internacional sobre Arquitectura Contemporánea en Ciudades Históricas. La organización corre a cargo del Ayuntamiento de Sevilla y colaboran el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el Centro de Patrimonio Mundial de la UNESCO, ICOMOS y la Organización de Ciudades Patrimonio Mundial.

Voy a acudir al mismo con la extraña sensación de ir a un foro unilateral sobre la materia y, a continuación, explico porqué:

Los ponentes del encuentro son, que duda cabe, profesionales de reconocido prestigio, pero me pregunto si no contamos en la ciudad que acoge el encuentro con arquitectos de parejo o mayor nivel que pudieran participar para dar su visión del tema tras este evento: la polémica provocada por la Torre Pelli. Puede ser porque, no nos engañemos, el concurso de tamaña lista de cráneos privilegiados responde a la necesidad del organizador principal de acallar las voces críticas con el proyecto, entre las que se encontrarían gran número de sevillanos no poco conocedores del binomio Arquitectura/Ciudades Históricas. 

No voy a ser yo el que ponga en duda el espíritu democrático de esta reunión de legionarios de Le Corbusier Rey, pero no deja de chirriar la nula participación de la ETSA frente a la de la  ETSAM. Parece que la presencia de Román Fernández-Baca, como director del IAPH, será la única concesión a la voz de las ausencias destacadas. Para que todo el mundo me entienda, propios y extraños: tengo la impresión de que seré espectador de un R. Madrid-Sevilla pero sin igualdad de condiciones, con el equipo visitante en alineación completa frente a un equipo local tan sólo representado por el guardameta.

Por otro lado, si bien la secretaría técnica del encuentro corre a cargo de la sevillana Atril Congresos, la secretaría científica recae sobre Gaia Heritage. Debe ser también que aquí en Sevilla, Andalucía, España, Península Ibérica, incluso Unión Europea, no hay empresas que se puedan hacer cargo de tan especializada tarea, con lo que hay que recurrir a una que tiene su sede en Beirut, Líbano. Y que conste que no está en mi ánimo criticar tal extremo, sobre todo conociendo el carácter de los naturales de este pacífico país mediterráneo. Supongo que será para que el Sr. Zouain, a la sazón uno de los ponentes del encuentro, ya que es su director general aproveche el viaje. Todo sea por recortar gastos, faltaría más.

Habrá quien se pregunte, dada mi opinión acerca de cómo se ha montado este mitin, para qué acudo al mismo. La respuesta es bien sencilla: quiero comprobar si estoy equivocado y la sensación de la que hablaba al principio de esta entrada es debida a mi paranoia acerca de conspiraciones mil, o si estoy en lo cierto y esto es un montaje para hacer creer a la opinión pública que la Torre Pelli es hasta buena para la Sevilla Patrimonio Mundial. De todos modos, mientras no pase el tiempo y la citada construcción no sea motivo de portada de Feria de Abril, los sevillanos no darán su visto bueno.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Derribos S.A.

En Cádiz está trayendo cola, de la de esnifar, no la de esperar en el Mercadona de Puntales, el tema de los edificios del Olivillo y la Náutica. Y digo esto porque parece que el destino del patrimonio edificado de la ciudad se juega entre niños de colegio de primaria, intoxicados con los efluvios del Imedio (de nuevo aclaro: del pegamento, no del presentador), en un enrevesado tira y afloja de y tú más, arrieritos somos, me como una y me cuento veinte. 

Para diluir este ambiente, tan gaditano y tan secula seculorum, de cuitas y pendencias políticas, se llama a expertos para que diriman estas en singular combate dialéctico; cada vez que se plantea la demolición de un edificio sucede lo mismo: se recurre a los especialistas según conviene. Sucedió en el conflicto de la Aduana, en el cual eran las posiciones contrarias a la presente: el ayuntamiento quería derribar y la Junta no. 

Fin de la primera parte y cambiamos de portería e incluso de camisetas. Segunda parte: la Junta afirma que los edificios en liza son ruina pura y que hay que derribarlos, incluso si luego se tienen que volver a levantar, no será por falta de medios económicos; si hay dinero para contratar 23 millones de euros con Microsoft en detrimento del uso del software libre, seguro que lo hay para tirar dos edificios como el Olivillo y la Náutica. El Ayuntamiento se opone, argumentando el valor singular de las construcciones, lo que no deja de ser sorprendente, habida cuenta de la facilidad con la que este tipo de cuestiones se solventan cuando se trata de otros tipos de patrimonio, sea la arquitectura vernácula gaditana, el rico patrimonio arqueológico, el ignorado patrimonio industrial, etc.

Es el mismo problema de los triángulos amorosos, con la salvedad de ser este un triángulo en el que no se ve por ningún lado el amor, mas los intereses creados. La víctima, como siempre, el Patrimonio Cultural de la ciudad de Cádiz que, si bien llena la boca del chovinista local a la hora de reivindicar centros culturales como destino para todo aquel espacio recuperado posible, no termina de creerse querido por una población que se mantiene al margen de su condición de propietaria del mismo. Acostumbrados ya a dejar que los interpretes de la voluntad popular hagan su ídem con la herencia recibida, asistimos resignados unos e indolentes otros, a la conversión de este legado en moneda de cambio entre las tradicionales fuerzas vivas en eterna disputa. 

Mientras se discute, la empresa que derriba todo en Cádiz sin ser siquiera de Cádiz, espera el momento de recibir la llamada para acudir presta al derribo, o como dirían algunos expertos, a la deconstrucción.