miércoles, 16 de abril de 2014

New in town and Archaeology

I got left less than a week for my departure. I am moving to Edinburgh and already have decided to not even try getting a placement in archaeology. Although I know there are quite a few companies in Scotland, the situation resembles too much to what I have been into all these past years. Workload is seasonal and the chances to get hired for temporary contracts are more likely than those for permanent positions, specially when you are a newcomer to British Archaeology. I would not mind to start again from the digger level if I had any opportunity to earn a living and catch up with the direct experience so I can make my previous skills and knowledge be valued eventually by the employers. But the reality is that I need a permanent job from the very first day I land in Edinburgh, so I will seek in other sectors offering better chances for me to pay for my expenses and focus in finishing my thesis. I will try not to lose any of my skills with GIS, CAD, Illustrator and so on, taking time to read all the grey literature and regulations applying to learn about the procedures in Scottish Archaeology. I would even volunteer, if my day job allows me to, for community archaeology projects. I would not like to put in the trash all my career without a last attempt to demonstrate that Archaeological practice is the same everywhere, just some of the material finds differing. 

viernes, 21 de marzo de 2014

La minería como panacea temporal

No se bien a qué juega la Junta de Andalucía. Por un lado son capaces de denunciar a un pobre señor de la Alpujarra por coger un puñado de manzanilla, unos 190 g., para uso medicinal; por el otro se hacen los suecos, como Boliden a la hora de hacer frente a las responsabilidades del vertido tóxico de 1998, y pretenden reabrir la mina de Aznalcollar que causo el mayor desastre ambiental de los últimos años en Andalucía. (1) 

La bandera que enarbolan es la de la creación de empleo que supondrá en la región, la zanahoria más deseada en estos tiempos de crisis galopante, para arrastrar a las masas hacía el apoyo más absoluto a un proyecto que, desde el punto de vista de la sostenibilidad medioambiental, va en contra de todo lo que pregonan desde la Consejería de Medio Ambiente.

Lo más curioso ha sido el rifirrafe entre el gobierno central y el autonómico acerca de la reapertura de la mina, terminado con la publicitada victoria de Susana Díaz, la amiga de los andaluces. Dado que se han autorizado prospecciones en la zona para fracking (2), ¿qué más da una mina más u otra menos Además, también está la de Gerena, visible desde la A66, y especialmente chocante la visión nocturna, con sus luces por doquier que recuerdan a Encuentros en la Tercera Fase.

Seguimos siendo un cortijo gobernado por señoritos que, aunque se disfracen de modernos y progresistas, siguen a rajatabla el único modelo productivo que conocen. Hacen como si buscaran la modernización de Andalucía, pero en realidad sólo disfrazan sus intenciones de mantener todo tal y como siempre ha sido. 













1. Aguilar, J.; Dorronsoro, C.; Fernández, E.; Fernández, J.; García, I.; Martín, F.; Ortiz, I.; Simón, M. Recurso disponible en línea en:http://edafologia.ugr.es/donana/aznal.htm#anchor831319
2. Recurso disponible en línea: http://www.adta.es/2012articulos/2012%2005%2016%20ExploracionesHidrocarburos.html

viernes, 7 de marzo de 2014

Una aproximación al Patrimonio Cultural desde la participación social

Según avanzo en el trabajo de mi tesis doctoral sobre el Territorio Cultural del Aljarafe, me voy dando cuenta de una carencia en mi aproximación a la situación patrimonial objeto de análisis: no dispongo de datos directos acerca de la percepción que la población de la comarca tiene sobre el Patrimonio Cultural, algo que me sería de gran ayuda a la hora de interpretar cual es la valoración real que sobre el mismo tiene la sociedad aljarafeña.

Dado que estamos en la era digital, he decidido ponerme manos a la obra e implementar formas de participación a través de las nuevas tecnologías, comenzando por un blog en el cual se recogerán cuáles son los objetivos de mi trabajo de investigación y para que sirva de plataforma para acceder a las diferentes vías que se irán abriendo para facilitar la participación, tanto de individuos como de colectivos sociales interesados en aportar su punto de vista acerca del Patrimonio Cultural del Aljarafe. Es fundamental conocer cuál es la relación actual que existe entre el territorio y sus pobladores, de forma que, a los datos del pasado, podamos añadir la visión desde lo contemporáneo.




lunes, 16 de diciembre de 2013

La Grande Bellezza

Sorrentino ha conseguido recuperar algo del espíritu de la Roma de La Dolce Vita en esta cinta de preciosista fotografía y excelente reparto, aquel espíritu de bacanal clásica en el disfrute de la vida pero sin ninguna concesión a la ciudad que se mueve en la miseria tras las bambalinas. El neorrealismo cinematográfico parece haber sido un mal sueño, consecuencia de un atracón pasajero de fascismo, guerra y desigualdad social secular. Es hora de la cinematografía de la fantasía. 

Sorrentino, no se sabe si de forma consciente, ha retratado a la sociedad pudiente de la Europa del sur, la misma que sigue disfrutando de los placeres de la vida a pesar de la crisis económica, esa casta inmortal de vividores que nunca desaparece por muchas revoluciones que vengan. Pero es que no puede ser de otro modo en una vieja Europa que vive de su pasado esplendor. Las ciudades de lo meridional del viejo continente necesitan de esta clase para ser plenamente apreciadas en su belleza, aunque sea a través de su uso como escenario de un modo de vida superficial. El protagonista, Gep Gambardella, es un escritor de elegantes maneras y vida disipada que no encuentra un momento para volver a ponerse a escribir. Su primera y única novela, publicada a los 20 años, es la llave que le abre la puerta al mundo del placer de disfrutar de la belleza de la ciudad eterna desde una óptica sensible, a pesar de las fiestas orgiásticas y el resto de la vida social a la que se debe para seguir siendo un habitante privilegiado de la ciudad del Tíber.

Una película para disfrutar en versión original, en pantalla grande. 

miércoles, 11 de diciembre de 2013

El Castillo de San Sebastián

De nuevo se cierne sobre el Castillo de San Sebastián un peligro inminente: la intervención material sobre el BIC sin tener en cuenta la protección del mismo. El Ministerio de Medio Ambiente y el Ayuntamiento de Cádiz pretenden seguir el procedimiento apresurado de la desafortunada intervención anterior: pequeñas actuaciones que poco a poco vayan alterando el Bien Cultural sin provocar demasiada polémica, todo para evitar cumplir con la LPHA que claramente exige un proyecto de conservación previo a cualquier intervención en un BIC.

El Ayuntamiento esgrime como siempre el mismo argumento: que las obras en el conjunto son una mejora para la oferta cultural de la ciudad. Medio Ambiente, y su empresa servil, TRAGSA, seguirá haciendo lo que le plazca, o al menos lo intentará, desde su prepotente torre de marfil ministerial.

Lo que debería preguntarse la sociedad gaditana es porqué no se pone a disposición de todos los ciudadanos un espacio tan significativo, sobre todo existiendo un tejido asociativo bien seguro dispuesto a dotarlo de vida, como se vio por la experiencia de Valcárcel. Sería de justicia, para los barrios limítrofes y para toda la población del casco histórico, que se pudiera utilizar el recinto para una experiencia de socialización del patrimonio, algo no reñido en manera alguna con el uso que, hasta la fecha, se le ha dado al castillo desde su apertura.

Pero me temo que no es esa la intención. Existen intereses económicos que pocos llegan a prever en esta valorización apresurada del BIC, bastante alejada de su importancia como elemento patrimonial. Esperemos que la Delegación Provincial de Cultura esté al quite de las maniobras del gobierno central y el local. Yo, al menos, voy a estar vigilante, sobre todo después de ser testigo directo de las vicisitudes sufridas por el conjunto durante las últimas obras. 

Mentalidades que no cambian

En el reciente Encuentro Internacional de Arqueología del Suroeste Peninsular, que como viene siendo habitual se celebró en Aroche/Serpa hace un par de semanas, quedó claro que la arqueología sigue siendo una disciplina anclada en el pasado. Y no sólo por su vinculación a la Antigüedad, pocas comunicaciones presentadas sobre arqueología industrial o sobre etapas recientes de la Historia, sino por la vista incapacidad de la mayoría de los practicantes para aceptar que es necesario cambiar de mentalidad respecto a su carácter de ciencia social. La críptica que acompaña al colectivo y a su producción científica se mantiene alejada de la que debiera ser su principal motivación: divulgar el conocimiento de la  manera más amplia posible. A pesar de las nuevas herramientas disponibles para la difusión sin límites, la arqueología en su sentido más académico sigue enclaustrada en los mismos cauces tradicionales: congresos, encuentros, publicaciones científicas, etc. No contentos con esto, cualquier iniciativa que pretenda abrir el conocimiento es recibida con escepticismo, cuestionando la validez de la participación social en el proceso de adquisición del saber científico.

Pero esta actitud no sólo se refiere a la participación de profanos, también a la colaboración entre la arqueología de academia y la que desempeña su labor en el ámbito profesional. Parece pervivir un espíritu decimonónico que condena el trabajo arqueológico como forma de ganarse la vida y ensalza la misma actividad cuando se practica desde los departamentos universitarios o instituciones científicas, como si el vil metal -el mismo que sostiene, o sostenía, la investigación en este campo- no fuese un requisito imprescindible para desarrollar el trabajo en cuestión, como si los académicos se alimentasen de su actividad intelectual; como si no fueran remunerados en moneda corriente. Lo peor es que esto mismo se repite entre los profesionales que trabajan en la administración cultural y los que "hacemos la calle". Los arqueólogos profesionales nos enfrentamos a una presunción de culpabilidad, a una sospecha continua de mala praxis y a un afán desmedido por el enriquecimiento a costa del Patrimonio Cultural, mientras que los arqueólogos que desarrollan su labor en la administración se otorgan la categoría de paladines de la conservación y protección, al igual que los académicos toman posesión de la verdad empírica y la ejecución primorosa. Resulta obvio que así no vamos a ninguna parte. Los problemas que afronta actualmente el Patrimonio Arqueológico son el resultado de este erróneo planteamiento, nunca subsanado por los muchos reglamentos y leyes de patrimonio promulgados. 

A este respecto es necesario mencionar que todo el abundante corpus legislativo existente es papel mojado. La aplicación del mismo está siempre supeditada a condicionantes poco relacionados con el carácter científico de la arqueología, a pesar de ser Andalucía una de las regiones europeas con mayor riqueza arqueológica de Europa, como lo demostró el boom de las actividades arqueológicas preventivas motivado por la fiebre constructiva de los últimos años de especulación inmobiliaria. Fue la misma administración la que se mantuvo al margen de sus obligaciones bajo la premisa de no entorpecer el desarrollo y el progreso del sector motor de la economía. Ahora, a toro pasado, es fácil echar la culpa a terceros, olvidando la permisividad y alegría con la que se autorizaron miles de actividades sin los correspondientes y necesarios avales de rigor científico.

Expuesto todo esto, es más que comprensible que la mayoría de la comunidad arqueológica esté en contra de luz y taquígrafos: no están dispuestos a dejar que sus vergüenzas sean expuestas públicamente. Sin embargo existen profesionales que no tienen nada que esconder, y que desde esta posición de superioridad ética y profesional -la que otorga el saberse no comprado nunca por nadie- siguen trabajando por hacer realidad una arqueología colaborativa, una arqueología abierta a la sociedad, una arqueología accesible y social. 

No voy a mencionar a nadie, más que nada porque no quisiera que se confundiera mi razonamiento con sentimiento, al tener mucho que agradecer a estos profesionales que me enseñaron a mantener una ética profesional por encima de todo. Dejaré que aquellos interesados en el tema busquen en las actas del encuentro el proyecto que, a mi entender, simboliza todo a lo que debemos aspirar los que practicamos la arqueología.

domingo, 13 de octubre de 2013

El porqué del Proyecto de Conservación para dummies

No es ningún secreto que, con la crisis, la dotación siempre precaria de los presupuestos asignados a Patrimonio Cultural se ha visto reducida. No sólo en lo que a la ejecución de más que necesarios proyectos de intervención sobre Bienes Culturales se refiere, sino también en lo que afecta al personal de las administraciones públicas. Parece que la idea aceptada es la de una administración que sólo debe encargarse de eso mismo, de administrar, entendiendo el término como procedimiento para dar respuesta a las necesidades puntuales de los administrados; obviamente, la gestión del Patrimonio Cultural  Material es algo secundario para nuestros gobernantes, asumiendo esta como toda una serie de políticas de conservación, rehabilitación, investigación, etc., sobre el mismo. Sólo así es comprensible que, tras la vorágine de actividad derivada de la burbuja de la construcción y el desarrollo de infraestructuras, una vez cesa la actividad administrativa, se prescinda de gran número de personal de las delegaciones provinciales, la Dirección General de Bienes Culturales y otros organismos relacionados con los Bienes Culturales. 

¿Cómo afecta esta circunstancia? De momento, se han reducido las labores de inspección y vigilancia, bajándose la guardia y permitiendo que se produzcan afecciones irreparables. Las comisiones provinciales, si bien nunca han tenido más papel que el de comparsas de los intereses políticos  regidores de cada delegación, ahora lo tienen peor que nunca. No es muy probable que se puedan manifestar desfavorablemente a cualquier proyecto que vaya envuelto en los falsos oropeles de la creación de empleo o la no afección presupuestaria para la administración. Empiezan a ser cada vez más frecuentes actuaciones sobre Bienes Culturales promovidas por colectivos de forma altruista, lo que no estaría mal si no fuera porque no suelen cumplir con el principal requisito para intervenir en estos según la LPHA*:

Artículo 21 Proyecto de conservación e informe de ejecución


1. La realización de intervenciones de conservación, restauración y rehabilitación sobre bienes inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz exigirá la elaboración de un proyecto de conservación con arreglo a lo previsto en el artículo 22.


2. Al término de las intervenciones cuya dirección corresponderá a personal técnico, se presentará a la Consejería competente en materia de patrimonio histórico un informe sobre la ejecución de las mismas en el plazo y con el contenido que se determinen reglamentariamente.


Artículo 22 Requisitos del proyecto de conservación

1. Los proyectos de conservación, que responderán a criterios multidisciplinares, se ajustarán al contenido que reglamentariamente se determine, incluyendo, como mínimo, el estudio del bien y sus valores culturales, la diagnosis de su estado, la descripción de la metodología a utilizar, la propuesta de actuación desde el punto de vista teórico, técnico y económico y la incidencia sobre los valores protegidos, así como un programa de mantenimiento.     

No lo digo yo, es lo que recoge la legislación; aunque, para ser sinceros, la nula aplicación de esta parte de la LPHA es de sobra conocida, por no mencionar la arbitrariedad con la que se exige o no éste, dependiendo de la provincia que se trate. Para cumplir con las expectativas que pueda haber generado el título de esta entrada, pasaré a explicar el porqué de este proyecto de conservación de la manera más sencilla posible.

Imaginemos que vamos a intervenir en un edificio histórico. Antes de hacerlo, deberá redactarse un proyecto de intervención que delimite las actuaciones previstas y que incluya una dotación presupuestaria, no sea que empecemos a desmontar las cubiertas (necesitadas de una rehabilitación urgente) y, cuando vayamos por la mitad, nos quedemos sin dinero para seguir. Creo que hasta aquí todo claro, lógico, aceptable en la medida de la inteligencia media. Atendiendo a la misma razón, necesitaremos que ese proyecto lo dirija un profesional cualificado, no vale con tener un maestro albañil especializado en reparar tejados, de ahí lo de personal técnico, aunque la ejecución material la desarrolle un experto alarife. 

Antes que nada, deberemos recabar información sobre el bien en cuestión en los diferentes aspectos a tener en cuenta, incluyendo sus valores culturales; de no hacerlo así, podemos terminar afectando parcelas no tangibles. Como ejemplo podría usar el tema de los revestimientos utilizados en muchas rehabilitaciones recientes sobre arquitectura defensiva: un castillo es, en la percepción colectiva, un edificio de acabados en piedra o tapial; cuando se decide alterar esa imagen aceptada, aunque los estudios previos señalen que una vez estuvo acabado en perlita o a franjas de colores, la respuesta de la sociedad puede ser contraria a esa alteración. Si, además, no se contempla un programa de mantenimiento y los revestimientos elegidos terminan cayéndose a los meses de ser aplicado, no digamos.

Al contrario de lo que pueda parecer, el cumplir con los sencillos criterios expuestos en la LPHA, propicia que las intervenciones tengan las garantías necesarias. Emprender un trabajo tan delicado, como es siempre la intervención sobre elementos de nuestro Patrimonio Cultural Material en base a pequeñas actuaciones, sin una visión integral del objeto de nuestra labor, es cuanto menos arriesgado y falto de miras. En este caso, la máxima de "lo barato sale caro", cobra mayor sentido en cuanto será un precio que no sólo pagaremos nosotros, sino también las generaciones venideras. 




*Ley 14/2007, de 26 de noviembre, del Patrimonio Histórico de Andalucía